Una historia de la Meseta de Somuncura

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Vicente Honorio, piedra por piedra (*)

 

Llegamos a su ¨casa¨ luego de recorrer kilómetros y kilómetros de huella tallada a mano…

Huella de la época de los Tehuelches, trazada piedra por piedra, en busca de su supervivencia, ya que es una zona donde abundan los guanacos y choiques, siendo un camino obligado para desplazarse dentro de su territorio.

Desde esas tierras inmemorables a hoy, la realidad no ha cambiado, el tiempo, pareciera no haber trascurrido.

En esta tierra tan cercana y a la vez tan desconocida, que es la Meseta de Somuncura.

 

Llegamos a la ¨pirca¨ de piedra, señal que habíamos arribado a su hogar.

Don Honorio ya perdió la cuenta de los años que lleva aquí arriba. Su soledad, elegida o no, le pesa en su cuerpo, pero que sin duda a Honorio no le hace del todo feliz.

También sabe de sus limitaciones fuera de su ámbito; y sin embargo si nosotros decimos la edad que tiene, de acuerdo a testimonios de otros viajes.

Vemos en su expresión es de una persona con júbilo, que inclusive en el transcurso de su vida, dura en cuanto al trabajo muestran dan su físico, aún puede correr las piedras que se atraviesan en su camino.

 

Llegamos cerca de las 13hs. Juan Pablo, uno de nuestros expedicionarios, decidió llegar hasta la casa de Honorio, haciendo treking, era una mañana soleada, calma, a las 11 el sol ya se hacía sentir.

Emprendió el camino y nosotros quedamos en los vehículos desayunando, habíamos tenido una noche de encuentros emocionantes con la familia Cayupan. Juan no conocía el camino, ni la Meseta, simplemente Aníbal le dijo: ¨No te separes de la huella, hasta llegar a la pirca de piedra, ahí esperanos¨. Pasados unos 20 minutos emprendimos nuestro recorrido, el terreno a esta altura es extremo, está plagado de piedras volcánicas, se transita a paso de hombre, por ende Juan Pablo llegaba mucho mas rápido que nosotros, solo habíamos recorrido 4,5km. no hay margen de error, una cubierta es oro.

El sol estaba sobre nuestras cabezas, cuando le decimos: ¨Juan ahí 200mts abajo es el sitio¨. Justo en ese momento, Honorio sube caminando el sendero de piedras. Las dos personas que desconocían este personaje, denotaban el asombro en sus rostros.

Al llegar nos plantea su problemática, comentándonos que su vecino (que vive a 4 leguas, recordemos que se transita 1 legua por hora a caballo), no había podido pasar a carnearle la chiva desde hacía semanas.

La alimentación es básicamente en base al chivo, teníamos la solución, dentro del equipo, un experto hombre de campo, además del Chef.

Comenzamos a arriar las chivas, ante la atónita mirada de Dn. Honorio, una vez realizado el encierro de los animales, el trabajo concluye dejando pieza por pieza y el alimento listo donde nos había indicado nuestro amigo, además de unas cajas con ropa que siempre cargamos en nuestros vehículos para dejar en nuestros viajes.

 

¨tengo 85 años y hace 30 que vivo aca¨, nos decía. Cuando en realidad la primera vez lo vi en el ´86 y me decía lo mismo.

 

Honorio vive literalmente en una cueva, realizada con piedras de la zona, lógicamente todo hecho por el con corrales y corrales alrededor de una laguna, que años atrás, era de buena agua, rodeado de sus chivas, las cuales realmente manejan sus horarios arbitrariamente, ya que la movilidad de Honorio a esta altura de su vida es restringía. Las supo educar y tiene la ayuda incondicional de su jauría de perros fieles. Igual hay cosas que Honorio no puede hacer y que son básicas para su subsistencia en esta dura realidad que le toca vivir, como por ejemplo faenar una de sus chivas para poder comer durante meses.

 

Seguimos hacia destino, llegábamos a lo de García, con otra historia de vida que luego contaremos.

 

Al amanecer, salíamos en busca de la laguna que recorreríamos, antes de bajar a Cona Niyeu, con sus picaderos y piedras talladas. Un lugar que no es accesible, y por suerte poco conocido, gracias a ello se mantiene casi intacto. Con un microclima totalmente diferente a la Meseta, estando situado prácticamente en la zona más alta de esta gran planicie.

En el lugar se respira paz, pero a la vez hay huellas inobjetables del movimiento que tuvo la historia, puerta de entrada a la zona de ¨caza¨ donde preparaban sus herramientas y armas, para alimentar a sus tribus durante el año. Aún hoy se sigue consumiendo la carne en forma de ¨charqui¨ .

Parte del equipo quería hacer campamento aquí, los guías sabíamos que no se podía, ya que la tarde aparecía y la lluvia amenazaba.

 

La bajada del Naciente

 

Tal vez el acceso a este inmenso territorio con más atractivo por sus verdes intensos, al igual que la zona de Campana Mahuida, que ya contaremos también, producto de sus manantiales y arroyos naturales, que impactan con el árido terreno de la ¨planicie¨.

Su sinuoso camino nos lleva de retorno a la realidad, aunque en forma paulatina, ya que arribamos a Cona Niyeu, poblado situado en la base de Somuncura, al límite con Chubut.

Allí nos recibe el dueño de la ¨Posada¨ que nos invita a quedarnos alojados en su establecimiento, mientras jugábamos un pool, pero decidimos seguir rumbo al mar, unos 100km. de ripio.

 

(*) este relato es un mes antes que lo encontraran muerto junto a su aguada, rodeado de sus ¨inseparables¨ perritos, para fin del año 2006. Hoy esperamos poder mantener su ¨cueva¨ de piedra, con algunas historias y fotos de aquel ¨ermitaño¨, pero vecinos, ya se encargaron de destrozarla, para ¨que nadie se meta o instale…¨.

 

Escriben: Aníbal Grané y Martín Ortiz e-mail: baqueanos@mesetadesomuncura.com.ar

 

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